HISTORIA DE LA ASTRONOMÍA INFRARROJA  

EL DESPEGUE DE LA ASTRONOMÍA INFRARROJA

Además de absorber la mayor parte de la radiación infrarroja proveniente de las fuentes cósmicas, la atmósfera de la tierra también irradia ondas en la banda del infrarrojo y, por tanto, interfiere con las observaciones infrarrojas. Por ello, a la hora de realizar observaciones en esta banda, es importante hacerlo a la mayor altura posible, donde la atmósfera es más tenue. Así, se han lanzado detectores infrarrojos desde globos aerostáticos, cohetes y aviones, lo que ha permitido a los astrónomos estudiar señales infrarrojas de longitudes de onda más largas. Aunque estos métodos sólo permiten observar una parte limitada del cielo durante períodos breves, sin duda han contribuido considerablemente al progreso de la astronomía infrarroja.

Los primeros telescopios criogénicos lanzados en cohetes hicieron posible observar el cielo durante varios minutos antes de reingresar en la atmósfera. El primer mapa infrarrojo de todo el cielo fue el resultado de una serie de vuelos realizados por el Laboratorio de Investigación Cambridge de la Fuerza Aérea. Este proyecto, denominado Hi Star, examinó el cosmos en longitudes de onda de 4, 10 y 20 micrones. Si bien el tiempo total de observación acumulado por estos vuelos fue de apenas unos 30 minutos, se detectaron con éxito unas 2363 fuentes infrarrojas que fueron publicadas en el Estudio del Cielo en la Banda Infrarroja de AFCRL. Aproximadamente 70% de estas fuentes coincidieron con las fuentes descubiertas por el estudio del Observatorio del Monte Wilson, efectuado en la banda de 2,2 micrones. Los cohetes también descubrieron brillantes emisiones infrarrojas en regiones de hidrógeno ionizado (HII) y en el centro de nuestra galaxia.

Algunos globos de helio fabricados con mylar han llevado telescopios infrarrojos a altitudes de hasta 40 km. En 1963, un bolómetro de germanio fue adosado a un globo para realizar observaciones infrarrojas de Marte. En 1966, el Instituto Goddard de Ciencias Espaciales comenzó a utilizar globos para examinar el cielo en la banda de 100 micrones. Este programa condujo al descubrimiento de cerca de 120 fuentes infrarrojas brillantes cerca del plano de nuestra galaxia.

En 1977, los telescopios infrarrojos llevados a bordo de aviones, como el observatorio aéreo Kuiper (KAO), hicieron posible descubrir los anillos de Urano. El KAO se utilizó para obtener datos astronómicos en la banda infrarroja durante más de 20 años, volando a una altitud de 13 km, suficiente para evitar 99% del vapor de agua de la Tierra. Los observatorios aéreos, además de detectar más longitudes de onda infrarrojas, también permiten identificar fuentes más débiles que no se pueden observar desde nuestro planeta, tales como las nubes interestelares.



Observatorio Aéreo Kuiper

La NASA está haciendo planes para lanzar un nuevo observatorio aéreo. El observatorio estratosférico para astronomía en la banda infrarroja (SOFIA)* [página en Inglés] será un telescopio óptico, infrarrojo y submilimétrico montado a bordo de un Boeing 747. Se anticipa que comenzará a funcionar en el año 2002.

* Sitio web externo Última actualización: 28 de noviembre de 2000

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